Informe en profundidad

El «punto ciego espacial» de la ciencia de la sostenibilidad urbana: por qué el entorno construido no puede ser solo un telón de fondo

Una revisión sistemática basada en 630 documentos muestra que más del 90% de las investigaciones sobre sistemas socioecológicos urbanos tratan el entorno construido como un telón de fondo pasivo. Este artículo comenta este "punto ciego espacial" y sus profundas implicaciones para la gobernanza de la sostenibilidad urbana, y analiza por qué el marco de sistemas espaciales es una evolución teórica necesaria en la era urbana.

Argumento central

La ciencia de la sostenibilidad urbana ha ignorado durante mucho tiempo la agencia del entorno construido. Este artículo, basado en una investigación publicada en *Communications Sustainability*, explora cómo un marco de sistemas espaciales puede diagnosticar conflictos complejos como el MOSE de Venecia y ofrecer nuevas perspectivas para la gobernanza urbana global.

El punto ciego espacial de la ciencia de la sostenibilidad urbana: por qué el entorno construido no puede ser solo un telón de fondo

Imagina que, para proteger a Venecia, patrimonio mundial, de la amenaza de las inundaciones, el gobierno italiano construyó el sistema de compuertas contra mareas MOSE, que costó miles de millones de euros. Estas barreras móviles pueden contener las mareas anormalmente altas, pero al mismo tiempo alteran el histórico paisaje frente al agua y perturban el delicado ecosistema de la laguna. ¿Este conflicto es simplemente una compensación entre preferencias sociales y funciones ecológicas? Evidentemente no. Está enraizado en la morfología urbana única de Venecia: canales estrechos, edificios antiguos, cimientos frágiles; estas entidades materiales tienen su propia lógica y memoria. Sin embargo, la ciencia existente de la sostenibilidad urbana, especialmente el marco de sistemas socioecológicos (SES) derivado de la gestión de recursos comunes, a menudo no logra diagnosticar adecuadamente este tipo de conflictos, porque dicho marco trata el entorno construido como un telón de fondo pasivo, y no como un sistema con agencia.

Esta desalineación cognitiva no es un asunto menor. Con la urbanización global entrando en una fase sin precedentes, las ciudades se convierten en el campo de batalla principal para el desarrollo sostenible y la acción climática. Desde el lento hundimiento de Yakarta hasta la reconstrucción de las zonas ribereñas de Nueva York, desde la rápida expansión de Shenzhen hasta la recuperación de tierras al mar en Singapur, la forma, la materialidad y la historia del espacio urbano están influyendo profundamente en las interacciones entre la sociedad y los ecosistemas. Si nuestras herramientas teóricas no pueden comprender el funcionamiento del espacio en sí, caeremos en el dilema de los "ciegos que tocan a un elefante".

De los recursos comunes a la ciudad: la migración y transformación de un marco

El marco de los sistemas socioecológicos tiene sus raíces en el trabajo pionero de Elinor Ostrom sobre la gobernanza de los recursos de pool común, como la gestión colectiva de pesquerías, bosques y sistemas de riego. En este contexto original, el ecosistema mismo es el recurso, y las instituciones humanas y los sistemas naturales están entrelazados. Pero cuando este marco se traslada al contexto urbano, surgen problemas. Las ciudades son entornos altamente artificiales; el entorno construido no es simplemente un "portador" pasivo del "ecosistema", sino que en sí mismo es un sistema complejo con lógica configurativa, materialidad e historicidad. Sin embargo, una revisión sistemática de 630 estudios urbanos de SES muestra que más del 90% de la literatura no trata el entorno construido como un sistema dinámico. De ellos, el 61.8% de los estudios no involucra o casi no involucra la interacción espacial, el espacio solo se usa como descripción de ubicación; el 30% incluye variables espaciales como el uso del suelo o la infraestructura, pero no las teoriza; solo el 8.1% realiza un tratamiento teórico o analítico profundo de los sistemas espaciales.

Esta cifra es asombrosa. Revela que, aunque la ciencia de la sostenibilidad urbana declara comprender el entrelazamiento "socio-ecológico", en realidad reduce el espacio a un contenedor instrumental. Esto no es accidental, sino que está determinado por el origen del marco. El propósito de diseño del marco SES era analizar la gobernanza colectiva de los recursos naturales; se centra en variables como reglas institucionales, unidades de recurso, grupos de usuarios, pero nunca consideró cómo la forma, los materiales y la memoria del entorno construido afectan los resultados de gobernanza. Cuando la disciplina migró de los ecosistemas naturales al entorno artificial urbano, esta "inadaptación" teórica fue sistemáticamente ignorada.### El espacio como sistema: forma, materia e historia

Para llenar este vacío, el artículo propone el marco del sistema socio-ecológico-espacial (SESS), que introduce el sistema espacial como un tercer dominio ontológico. Este marco construye tres dimensiones del sistema espacial a partir de la morfología urbana, la teoría de la producción del espacio y el metabolismo urbano: morfología y configuración (morphology and configuration), materialidad y metabolismo (materiality and metabolism), e historicidad y memoria (historicity and memory). Estas tres dimensiones corresponden respectivamente a la lógica geométrica, el flujo físico y la profundidad temporal del espacio urbano.

La morfología urbana nos dice que la red de calles, la división de parcelas y la disposición de los edificios forman una configuración espacial distintiva que influye en el flujo de tráfico, la interacción social e incluso la tasa de criminalidad. La materialidad y el metabolismo se centran en cómo la ciudad consume y transforma recursos —agua, energía, materiales de construcción— y en cómo estos flujos materiales configuran los resultados ambientales. La historicidad y la memoria nos recuerdan que el espacio urbano es un sedimento de procesos históricos; la textura de los cascos antiguos, el patrimonio arquitectónico y la memoria colectiva tienen una influencia real. Estas propiedades no pueden reducirse a procesos ecológicos puros o funciones de infraestructura; necesitan ser analizadas de manera independiente.

Tomemos como ejemplo el proyecto MOSE en Venecia. Esta compuerta contra inundaciones es a la vez una infraestructura y una intervención masiva que transforma el espacio urbano. Ha alterado la forma visual del paisaje histórico ribereño y ha afectado la deposición de sedimentos y el equilibrio ecológico de la laguna. Desde el marco SESS, este conflicto no es solo una disyuntiva entre la protección contra inundaciones y la ecología, sino una contradicción profunda moldeada conjuntamente por la forma espacial de Venecia (la estructura de ciudad acuática), su metabolismo material (el ciclo ecológico sostenido por las mareas) y su memoria histórica (su identidad como patrimonio mundial). Los marcos existentes a menudo descomponen estos problemas en cuestiones técnicas o de preferencias, ignorando el poder intrínseco del espacio mismo.

Fronteras y limitaciones de SETS: por qué se necesita SESS

Por supuesto, la ciencia de la sostenibilidad urbana no ha sido ajena a las tensiones del marco SES. La academia ya ha propuesto el marco de sistemas socio-ecológico-tecnológicos (SETS), que introduce la infraestructura tecnológica como un tercer dominio para capturar la interdependencia de las infraestructuras, las fallas en cascada y la capacidad de adaptación. El marco SETS ha logrado avances significativos en campos como la energía, el transporte y los sistemas hídricos. Sin embargo, el artículo señala que SETS se centra en los sistemas tecnológicos, y el sistema espacial no equivale a la infraestructura. El espacio es un complejo de forma, materia e historia; contiene infraestructura, pero la trasciende.Por ejemplo, la red de carreteras de una ciudad no es solo infraestructura de transporte; también es el esqueleto de la forma urbana, ya que determina la accesibilidad de las parcelas y la calidad del espacio público. La anchura de las vías, la escala de las manzanas y los retiros de los edificios: estos rasgos morfológicos no están determinados simplemente por la tecnología, sino que son producto de decisiones históricas de planificación. Del mismo modo, la protección de un barrio histórico no implica eficiencia técnica, sino memoria espacial e identidad. El marco SETS podría tratar los edificios históricos como una “tecnología”, pero el marco SESS los considera componentes orgánicos del sistema espacial.

Por lo tanto, SESS no es un sustituto de SETS, sino un complemento. SETS nos ayuda a comprender la interdependencia de las infraestructuras; SESS nos ayuda a comprender cómo las formas espaciales configuran los resultados socio-ecológicos. Ambos apuntan a la misma conclusión: la sostenibilidad urbana debe superar la dicotomía “socio-ecológica” y abrazar una realidad más compleja.

Implicaciones estratégicas de la era urbana global

Desde una perspectiva global, este giro teórico tiene implicaciones estratégicas de gran alcance. En primer lugar, redefine la lógica de decisión en la adaptación climática urbana. Las ciudades costeras de todo el mundo están invirtiendo en infraestructuras de protección contra inundaciones, desde la barrera del Támesis en Londres hasta los edificios flotantes en Róterdam, pero estos proyectos suelen centrarse únicamente en la eficiencia técnica e ignoran sus efectos a largo plazo sobre la forma urbana. Un muro contra inundaciones mal diseñado puede fragmentar el espacio público ribereño, destruir el paisaje histórico e incluso generar injusticia social. El marco del sistema espacial exige que consideremos la interacción entre forma, materialidad e historia desde el inicio de la planificación.

En segundo lugar, transforma nuestra comprensión de la urbanización en el Sur global. La urbanización acelerada suele implicar una reestructuración espacial a gran escala: relleno de lagos, demolición de antiguos barrios y construcción de conjuntos residenciales estandarizados. Estas prácticas se consideran cambios de los sistemas socio-ecológicos en el marco SES, pero el marco SESS revela que el propio espacio también experimenta una intensa transformación morfológica y material. Por ejemplo, la transformación de Shenzhen (China) de aldea pesquera a megaciudad no solo alteró el ecosistema, sino que también creó una lógica de configuración espacial completamente nueva, que a su vez moldea el modo de vida y las relaciones sociales de los residentes. Si se ignora el sistema espacial, no se podrán diagnosticar los desafíos de sostenibilidad que plantean las nuevas formas urbanas.

En tercer lugar, propone una nueva agenda para la gobernanza urbana. Si el entorno construido es un sistema con capacidad de acción, entonces la planificación urbana no puede considerarse simplemente una “intervención”, sino que debe convertirse en un proceso continuo de aprendizaje. El sistema espacial “recuerda” las decisiones pasadas; por ejemplo, la zonificación de una ciudad fija la trayectoria de su desarrollo durante décadas. Esta dependencia de la trayectoria implica que las decisiones espaciales de hoy deben responder por las consecuencias a largo plazo.

Conclusión: devolver el espacio al centro de la ciencia de la sostenibilidadLas ciudades son los sistemas artificiales más complejos de la Tierra. Como demuestra el artículo, nuestra ciencia de la sostenibilidad urbana sigue, en gran medida, “sin ver” el espacio. No se trata de una cuestión puramente académica, sino de una cuestión de eficacia de la gobernanza. Cuando las ciudades se enfrentan a la crisis climática, la desigualdad social y la degradación ecológica, ya no podemos considerar el entorno construido como un telón de fondo neutral. La propuesta del marco de sistemas espaciales es una importante evolución de paradigma en la ciencia de la sostenibilidad urbana, y nos recuerda que la sostenibilidad de las ciudades no solo depende del equilibrio entre lo social y lo ecológico, sino también de cómo entendemos, diseñamos y gobernamos el espacio mismo que da forma a la vida cotidiana.

En el futuro, necesitamos más investigaciones como esta, que integren los sistemas espaciales en el marco analítico de la ciencia urbana. Solo así podremos diagnosticar con mayor precisión los complejos conflictos como los de Venecia, y también planificar con mayor sabiduría el próximo siglo de las ciudades globales.

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Fuentes

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  1. https://www.nature.com/articles/s44458-026-00109-8
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