Informe en profundidad

La seguridad no puede depender únicamente de la aplicación de la ley: cómo las oportunidades económicas remodelan la seguridad pública urbana.

La investigación más reciente del Brookings Institution señala que la seguridad pública y el desarrollo económico están inseparablemente vinculados. Este artículo parte de la perspectiva de la gobernanza urbana global, analiza las limitaciones de las estrategias que priorizan la aplicación de la ley y propone un nuevo enfoque de seguridad pública centrado en las oportunidades económicas.

Argumento central

Ante la violencia urbana, muchos gobiernos recurren habitualmente a políticas policiales y penales más duras, pero a menudo ignoran que la falta de oportunidades económicas es la causa profunda. Las investigaciones del Brookings Institution muestran que la pérdida de oportunidades de empleo y educación está estrechamente relacionada con el aumento de las tasas de homicidio. Los testimonios de oficiales de policía de primera línea y trabajadores comunitarios también lo confirman. La gobernanza urbana necesita reintegrar la seguridad pública con el desarrollo económico, construyendo un orden de seguridad sostenible mediante oportunidades y no solo mediante castigos.

De la aplicación de la ley a las oportunidades: redefiniendo el camino hacia la seguridad pública urbana

En Estados Unidos, alcaldes, gobernadores y legisladores han situado la seguridad pública y la economía como temas prioritarios en 2025. Sin embargo, una contradicción estructural largamente ignorada es que ambos suelen tratarse de manera separada en la práctica de las políticas. El problema de la delincuencia se reduce a una cuestión policial y judicial, mientras que la prosperidad económica se delega en los departamentos de desarrollo. La investigación más reciente de la Brookings Institution nos recuerda que esta separación no solo no ayuda a resolver la violencia, sino que puede hacernos perder la oportunidad de una verdadera reforma.

Las limitaciones inherentes de la «ley y el orden»

En los últimos años, una ola de políticas bajo el lema de «ley y orden» ha recorrido Estados Unidos. Algunos estados han intentado hacerse cargo de los departamentos de policía locales, limitar el poder de los fiscales progresistas e incluso revertir la reforma de la justicia penal; algunas ciudades han restablecido el aumento de procesamientos por delitos menores, las controvertidas prácticas de «parar y registrar» (stop and frisk) y los toques de queda para menores. Estas medidas parecen responder a la ansiedad pública por la seguridad, pero reducen complejos males sociales a conductas que deben castigarse. De hecho, el trauma, el desempleo y la desesperanza en las comunidades pobres no desaparecen por tener más policías o penas más largas. Al contrario, el exceso de aplicación de la ley puede desgarrar aún más la confianza entre la policía y la comunidad, exacerbando el aislamiento de las comunidades desatendidas.

Lo que revelan los datos: la falta de oportunidades impulsa la violencia

Una investigación reciente de la Brookings Institution encontró que el aumento vertiginoso de la tasa de homicidios en Estados Unidos durante la pandemia de COVID-19 se debió principalmente a la pérdida de oportunidades de empleo y educación en comunidades de alta pobreza, y no a cambios en el sistema policial o judicial. Este hallazgo tiene implicaciones profundas: la falta de oportunidades económicas es un caldo de cultivo para la violencia. Cuando los jóvenes no ven una salida legítima y digna, es más fácil que se sientan atraídos por la economía ilegal o la cultura de las pandillas. Esto no es una disculpa para el comportamiento delictivo, sino que señala un punto de intervención ignorado: para reducir la delincuencia a largo plazo, es necesario empezar por reparar la estructura de oportunidades.

Las voces de primera línea: trabajo y sentido de pertenencia

Muchas personas dedicadas directamente a la intervención contra la violencia ya comprenden esta lección. El ex Secretario de Educación de Estados Unidos, Arne Duncan, descubrió al conversar con detenidos en la cárcel del condado de Cook, en Chicago, que mencionaban repetidamente «un trabajo de 12 o 13 dólares por hora». Duncan dijo que si estas personas pudieran obtener oportunidades de empleo, completar la escuela secundaria y tener un espacio para sanarse, elegirían activamente mantenerse alejados de las armas. Un oficial de policía de Ohio también confesó a los investigadores de Brookings que, ya sea en pandillas urbanas o en parques de casas rodantes rurales, la raíz del crimen está relacionada con «una economía deprimida». Los jóvenes buscan un sentido de pertenencia cuando la familia está ausente, y las pandillas a menudo llenan ese vacío. Estas observaciones de primera línea se corroboran mutuamente con los datos macro: la seguridad no es solo una cuestión de orden, sino también de oportunidades.

Reintegrando seguridad y prosperidadLa buena noticia es que algunas regiones ya han comenzado la transición de la fragmentación a la integración. A nivel nacional, empresas, ciudadanos, universidades, gobiernos y organizaciones de bien público colaboran para impulsar iniciativas regionales de innovación e invertir en las industrias y el empleo de la próxima generación. Estos esfuerzos benefician especialmente a las zonas en dificultades económicas y demuestran que la competitividad mundial puede lograrse mediante el desarrollo inclusivo de ciudades y pequeñas localidades. Si las estrategias de seguridad pública se coordinan en profundidad con estos planes de desarrollo económico, podremos reducir la violencia e inyectar vitalidad real a las “comunidades olvidadas”. Por ejemplo, integrar la formación profesional, los programas de tutoría para jóvenes y la inversión comunitaria en las estrategias de seguridad no solo podría reducir las tasas de criminalidad, sino también ahorrar los elevados costos del encarcelamiento, generando beneficios a largo plazo para las finanzas públicas y los contribuyentes.

Para las ciudades de Estados Unidos y del mundo, esta lección tiene un significado universal. De Chicago a Mánchester, de Johannesburgo a Bombay, las megaciudades y las zonas rurales del interior enfrentan una fragmentación estructural similar: los centros urbanos prosperan mientras las periferias son olvidadas por el capital y las oportunidades. Si se reduce la “seguridad” a la aplicación de la ley, o se la aísla del desarrollo económico, solo se obtiene un orden frágil y costoso. La verdadera seguridad pública proviene de la resiliencia comunitaria, y esa resiliencia se basa en el empleo, la educación, la vivienda y la confianza pública. Las estrategias urbanas del futuro deben redefinir la seguridad como un subproducto de las oportunidades, no mantenerla únicamente con porras, esposas y prisiones. Solo si todas las comunidades comparten la posibilidad de participar económicamente podremos sentar una base duradera de estabilidad para la civilización urbana.

Este artículo fue recreado a partir de la investigación original publicada por la Brookings Institution el 11 de marzo de 2025, conservando los hechos clave; no representa las opiniones de la institución original.

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Fuentes

URL de fuentes

  1. https://www.brookings.edu/articles/the-path-to-public-safety-requires-economic-opportunity
La seguridad no puede depender solo de la aplicación de la ley: cómo las oportunidades económicas pueden transformar la seguridad pública urbana | Global City Review