Informe en profundidad

La forma urbana determina el destino térmico: la transformación estructural de la demanda global de refrigeración

Un estudio que cubre 140 ciudades en todo el mundo revela una profunda relación estructural entre la forma de crecimiento urbano y la demanda de refrigeración. En una era en la que la adaptación climática se ha convertido en la misión central de las ciudades, la planificación urbana debe reposicionarse como una herramienta estratégica a largo plazo.

Argumento central

《自然·通讯》最新研究分析了88个印度城市和52个全球城市的数据,发现城市体积增长方式——横向扩张、垂直增密与填充式开发——对制冷需求具有决定性影响。横向扩张的城市制冷需求增速最快,紧凑城市则展现出结构性热优势。这意味着,城市形态选择是气候战略中不可回避的长期杠杆。 Translated to Spanish: La investigación más reciente de *Nature Communications* analizó datos de 88 ciudades indias y 52 ciudades globales, y descubrió que la forma en que crece el volumen urbano —expansión horizontal, densificación vertical y desarrollo de relleno— tiene una influencia decisiva en la demanda de refrigeración. Las ciudades que se expanden horizontalmente registran el crecimiento más rápido en demanda de refrigeración, mientras que las ciudades compactas muestran una ventaja térmica estructural. Esto implica que la elección de la forma urbana es una palanca a largo plazo ineludible en la estrategia climática.

De la "máquina de crecimiento" al "reactor térmico": la nueva política de la forma urbana

A lo largo de la historia de la civilización humana, las ciudades han desempeñado un doble papel: son a la vez el soporte espacial donde se concentran las fuerzas productivas y el órgano gigante del consumo de recursos. A medida que la temperatura global aumenta a una velocidad visible, las ciudades no solo sufren el impacto de las olas de calor, sino que amplifican ese impacto a través de su propia evolución espacial. Un estudio publicado recientemente en Nature Communications ha dirigido por primera vez la atención, con evidencia sistemática, hacia una variable largamente ignorada: no es el tamaño de la ciudad, sino cómo "crece" la ciudad, lo que determina la trayectoria futura de su demanda de refrigeración.

Los investigadores analizaron los datos de desarrollo de 88 ciudades indias y 52 ciudades globales entre 2003 y 2023, centrándose en tres modos básicos de crecimiento del volumen urbano: expansión horizontal (extensión en forma de "panqueque"), desarrollo vertical (aumento de la altura de los edificios) y desarrollo de relleno (densificación en los vacíos existentes). Las conclusiones son claras y alarmantes: las ciudades que experimentaron una expansión horizontal extensa e irregular, aunque partieron de una menor demanda de refrigeración inicial, mostraron el aumento relativo más pronunciado en dicha demanda. Por el contrario, en las formas urbanas compactas el crecimiento de la demanda de refrigeración fue más moderado, presentando una ventaja térmica estructural. Las ciudades de tamaño mediano soportan la mayor demanda absoluta de refrigeración, convirtiéndose en una "franja de presión térmica" ignorada.

Este hallazgo va más allá de la discusión de manual sobre la isla de calor urbana; revela que la geometría del desarrollo urbano es en sí misma una lógica energética. Las ciudades de expansión horizontal suelen ir acompañadas de redes de infraestructura más largas, mayores superficies expuestas de fachadas de edificios, una absorción de calor superficial más intensa y redes de distribución de energía menos eficientes. En cambio, el crecimiento vertical y el desarrollo de relleno, aunque aumentan la densidad de población y edificación local a corto plazo, pueden suprimir significativamente la carga térmica por unidad de superficie mediante el sombreado mutuo entre edificios, muros medianeros compartidos y sistemas energéticos más intensivos. En otras palabras, la forma urbana no es una elección de ingeniería neutral, sino una decisión estratégica que afecta a las facturas energéticas y al umbral del confort térmico en las próximas décadas.

El Sur Global: en la encrucijada de la elección de la forma urbana

Las ciudades indias constituyen la abrumadora mayoría en la muestra del estudio, y esta configuración quizá insinúa una paradoja global: las regiones que más necesitan la gestión de la demanda de refrigeración son precisamente las más ansiosas por expandirse. La India se encuentra en uno de los procesos de urbanización más grandes de la historia de la humanidad; en las próximas dos décadas se añadirán cientos de millones de habitantes urbanos. Si se copia directamente el modelo de desarrollo de América del Norte, dependiente del automóvil privado y de la dispersión de baja densidad, las ciudades indias se enfrentarán no solo a una explosión de la demanda de refrigeración, sino a una crisis múltiple de colapso de la red eléctrica, salud pública y caída de la productividad. Por el contrario, si se opta por una vía de desarrollo compacta, tridimensional y de funciones mixtas, incluso con un crecimiento poblacional sostenido, el consumo de energía térmica podrá mantenerse en una trayectoria relativamente moderada.Este juicio tiene un significado universal para el Sur Global. Desde Lagos en África hasta Yakarta en el Sudeste Asiático, los países en rápida urbanización se encuentran en una ventana histórica: tienen la oportunidad de fijar un 'gen morfológico de racionalidad térmica' antes de que se vierta el hormigón. Sin embargo, la realidad es que muchas ciudades emergentes siguen imitando plantillas obsoletas del urbanismo occidental del siglo XX, considerando las anchas vías para automóviles, las torres aisladas y los suburbios de baja densidad como símbolos de modernidad. En condiciones climáticas tropicales y subtropicales, estas formas se traducen directamente en altos costos de refrigeración y sistemas eléctricos frágiles. Romper esta inercia de pensamiento es un desafío de gobernanza más fundamental que la eficiencia técnica.

El nuevo campo de batalla de la competencia urbana: la eficiencia térmica

Durante mucho tiempo, la competencia entre ciudades se ha medido por la altura de los horizontes urbanos, el número de edificios emblemáticos y la escala de los grandes proyectos de infraestructura. Pero en un futuro donde el calentamiento global sea la norma, el centro de la competencia se desplazará hacia un indicador más básico y más exigente: la capacidad de mantener la temperatura interior en un rango confortable durante el verano sin colapsar las finanzas públicas y la red eléctrica. La forma urbana es la variable central en esta competencia.

Una ciudad compacta y bien diseñada puede mantener o incluso reducir la demanda de refrigeración per cápita mientras crece su población; mientras que una ciudad dispersa y de baja densidad caerá en una espiral ascendente de consumo de energía térmica durante el crecimiento demográfico. Esta diferencia está redefiniendo la habitabilidad y el atractivo económico de las ciudades. Las ciudades que tomen la iniciativa de incorporar la 'adaptación morfológica' en sus marcos de planificación obtendrán una doble preferencia de talento y capital; mientras que aquellas que permitan la expansión desordenada del mercado podrían verse obligadas a gastar enormes recursos públicos en subsidios de aire acondicionado y expansión de la red eléctrica, desplazando inversiones a largo plazo en educación y salud.

Desde las supermanzanas de Barcelona hasta la ciudad de los 15 minutos en París, las ciudades pioneras del mundo ya están explorando la regulación del microclima urbano mediante la remodelación de su forma. Pero estas prácticas siguen limitadas a los países ricos. Para la mayoría de las ciudades del Sur Global, lo que falta no es solo financiamiento, sino también capacidad institucional para transformar los datos de teledetección en acciones de planificación. La comunidad internacional debería considerar la evaluación de la forma urbana como una nueva frontera de la cooperación en adaptación climática.

Llevar la forma urbana a la gobernanza climática global

Aunque las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) en el marco del Acuerdo de París ya cubren la eficiencia energética de los edificios y las energías renovables, la planificación morfológica a escala urbana sigue estando en gran medida al margen del sistema de gobernanza climática. La razón no es compleja: la forma es una variable de largo plazo difícil de cuantificar, mientras que los ciclos políticos y de inversión suelen centrarse en resultados inmediatos. Pero el valor de esta investigación radica precisamente en que ofrece un método operativo: mediante la teledetección satelital y la tipología del crecimiento urbano, los responsables de políticas pueden predecir con relativa precisión las curvas de demanda de refrigeración bajo diferentes trayectorias de desarrollo e incorporarlas a la planificación de infraestructura y a los compromisos climáticos.Por lo tanto, el régimen climático global debería establecer un canal científico y financiero dedicado a la transición hacia el enfriamiento urbano. En primer lugar, las instituciones internacionales deberían apoyar la realización de un escaneo de «crecimiento volumétrico y demanda de calor» en las principales ciudades del mundo, proporcionando a cada ciudad un panorama dinámico de su morfología térmica. En segundo lugar, los fondos climáticos multilaterales y los bancos de desarrollo deberían ajustar sus criterios de inversión para priorizar proyectos compactos, de relleno y verticales, en lugar de autopistas que fomentan la expansión urbana y nuevas ciudades de baja densidad. Por último, las redes de conocimiento entre ciudades deberían convertirse en parte de la gobernanza climática, permitiendo que la experiencia de Bangalore, India, se transmita rápidamente a Lagos, Nigeria, o a São Paulo, Brasil.

Conclusión: las ciudades son la variable climática que podemos reescribir

La magnitud del cambio climático global ha estado limitada durante mucho tiempo por las emisiones totales de gases de efecto invernadero, pero la experiencia térmica dentro de las ciudades no es en absoluto inalterable. Este estudio de 140 ciudades transmite un mensaje esperanzador: la forma urbana es uno de los pocos factores estructurales completamente controlados por los seres humanos que puede ajustar activamente la demanda de enfriamiento. Incluso si el calentamiento global continúa, las ciudades aún pueden lograr una contracción relativa de su demanda de enfriamiento al elegir trayectorias de desarrollo más compactas, tridimensionales y mixtas, algo que es casi inmediatamente viable con la tecnología actual.

En la historia de la civilización, las ciudades nunca han sido productos pasivos del entorno natural, sino sedimentaciones espaciales de la intención humana. Hoy, cuando la crisis climática vuelve a poner el problema de la supervivencia en la agenda, esta proposición adquiere un nuevo peso: la forma de las ciudades es nuestra promesa para el futuro. Las ciudades que entiendan esto ganarán ventaja en el próximo siglo; y aquellas que continúen inmersas en la expansión urbana descontrolada podrían descubrir que pagaron por el concreto más caro, pero compraron un futuro sin posibilidad de aliviar el calor.

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Fuentes

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  1. https://www.nature.com/articles/s41467-026-74157-y