Editorial

El futuro fiscal de Chicago: la confianza es más importante que el dólar

El Grupo de Trabajo sobre el Futuro Fiscal de Chicago encontró que los residentes están muy preocupados por los problemas presupuestarios, pero carecen de confianza en el proceso de toma de decisiones. El artículo explora cómo la sostenibilidad fiscal depende de la confianza ciudadana, no solo de herramientas fiscales, revelando el desafío central de la gobernanza urbana global.

Argumento central

Chicago enfrenta un déficit presupuestario de más de 1.1 mil millones de dólares, pero una investigación del grupo de trabajo reveló que la comprensión y confianza de los residentes en las decisiones presupuestarias son la clave para la estabilidad fiscal a largo plazo. El artículo analiza las implicaciones de este hallazgo para la gobernanza urbana global.

Cuando el alcalde de Chicago, Brandon Johnson, creó el "Grupo de Trabajo para el Futuro Fiscal de Chicago" en mayo de 2025, se esperaba que fuera otro plan de ajuste presupuestario impulsado por élites y tecnócratas. Un equipo de 23 líderes empresariales, sindicales, comunitarios y de políticas pasó 14 meses analizando datos financieros, comparando mejores prácticas de otras ciudades y contactando en profundidad a más de 500 residentes. El informe final enumera 58 medidas opcionales, desde reformas de pensiones hasta ajustes fiscales, lo que demuestra la riqueza del conjunto de herramientas fiscales. Sin embargo, el hallazgo más sorprendente del grupo de trabajo no fueron estos números, sino la actitud de los propios ciudadanos de Chicago.

Más del 75% de los residentes encuestados estaban "muy preocupados" de que el gasto creciera más rápido que los ingresos, y más del 80% dijo que seguía "regularmente" u "ocasionalmente" los debates presupuestarios. Esto rompe el estereotipo de que el público es indiferente a los asuntos fiscales. Pero al mismo tiempo, muchos residentes admitieron que realmente no entienden cómo se toman las decisiones presupuestarias ni cómo se establecen las prioridades. Los copresidentes del grupo de trabajo, Karen Freeman-Wilson y Jim Reynolds, llegaron a la conclusión central: Chicago enfrenta no solo una crisis fiscal, sino también una "crisis de confianza ciudadana".

Esta visión tiene un significado universal que trasciende Chicago. A nivel mundial, las presiones fiscales urbanas se intensifican: desde la brecha de subsidios de vivienda en Nueva York hasta la falta de inversión en transporte en Londres, desde la carga de las pensiones en Tokio hasta el envejecimiento de la infraestructura en São Paulo. Las recetas tradicionales siempre giran en torno a tres opciones: recortar gastos, aumentar impuestos o financiarse mediante deuda. Pero estos planes fracasan repetidamente al implementarse, no por inviabilidad técnica, sino porque la base de la viabilidad política —la aceptación pública— se ha debilitado.

La investigación del grupo de trabajo reveló una paradoja: los residentes están dispuestos a aceptar decisiones difíciles, siempre que el proceso de toma de decisiones sea transparente, las responsabilidades sean claras y la carga se distribuya de manera justa. En otras palabras, el público no se opone al cambio, sino a ser excluido de las decisiones. En grupos focales y asambleas ciudadanas, los residentes reiteraron: "Explíquenlo claramente, y lo aceptaremos". Esto suena simple, pero es un principio que muchos gobiernos municipales han ignorado durante mucho tiempo.

La experiencia de Chicago no es aislada. En 2024, Toronto utilizó un simulador presupuestario en línea para que los ciudadanos asignaran un presupuesto virtual de 30 mil millones de dólares canadienses, lo que disparó la participación y redujo significativamente las controversias. Por la misma época, Oslo, al implementar un peaje de congestión, llevó a cabo un diálogo ciudadano de dos años que redujo la tasa de oposición del 57% al 34%. Estos casos demuestran que las herramientas fiscales solo son efectivas cuando están integradas en una red de confianza.El problema más profundo radica en que los modelos de gobernanza de muchas ciudades del mundo están experimentando una ruptura estructural. En las últimas tres décadas, el movimiento de la Nueva Gestión Pública ha enfatizado la eficiencia, el rendimiento y la subcontratación, considerando a los ciudadanos como "clientes" en lugar de "coproductores". Este modelo pudo ser viable durante períodos de crecimiento económico, pero en tiempos de austeridad ha revelado su debilidad fatal: cuando el gobierno exige que los ciudadanos asuman más cargas, estos responden "¿y por qué?". La investigación del Grupo de Trabajo de Chicago muestra que los residentes que ven al gobierno como un cliente tienden a sentirse más distanciados de las decisiones presupuestarias; mientras que aquellos que participan como miembros de la comunidad están más dispuestos a aceptar sacrificios a corto plazo a cambio de una salud a largo plazo.

El déficit presupuestario previsto de 6.800 millones de dólares para Chicago en 2027 es tanto un problema contable como un problema de gobernanza. Las reformas de las pensiones, la disciplina de gasto y los nuevos ingresos pueden equilibrar las cuentas, pero solo el "consentimiento ganado" puede equilibrar los corazones. El Grupo de Trabajo citó en su informe el contexto del 250 aniversario de la fundación de Estados Unidos; no es una retórica casual: apunta a una cuestión política fundamental: ¿cómo pueden las ciudades reconstruir el pacto de confianza entre el gobierno y los contribuyentes dentro del marco de la democracia representativa?

Históricamente, en la primera mitad del siglo XX, las crisis fiscales de las ciudades estadounidenses se resolvían a menudo mediante rescates estatales o federales, o mediante votaciones directas de los electores para decidir aumentos de impuestos. Pero las dificultades fiscales del siglo XXI son más estructurales: el envejecimiento de la población eleva los costos de las pensiones y la atención médica, la urbanización concentra las necesidades de inversión en infraestructura, y el trabajo remoto posterior a la pandemia ha erosionado la base impositiva de los centros urbanos. La crisis de Chicago es un microcosmos de las ciudades estadounidenses e incluso globales.

Entre las soluciones propuestas por el Grupo de Trabajo, la de mayor valor estratégico no es una tasa impositiva o un plan de recorte específico, sino la recomendación de institucionalizar la participación ciudadana: establecer comités presupuestarios permanentes de residentes, exigir materiales educativos previos a las audiencias presupuestarias públicas obligatorias, y crear una oficina de supervisión fiscal independiente. Estos mecanismos buscan cerrar la brecha entre "lo que el gobierno sabe" y "lo que los residentes creen".

Por supuesto, no hay atajos para reconstruir la confianza. Freeman-Wilson y Reynolds enfatizan que la participación ciudadana no puede ser un "show de consulta" de una sola vez — hacer una audiencia antes de tomar decisiones y luego cerrar la puerta para decidir. Debe abarcar todo el proceso, desde la definición del problema hasta la implementación de soluciones y la evaluación de resultados. Esto requiere que el gobierno renuncie al monopolio de la información sobre las decisiones, al mismo tiempo que exige que los ciudadanos asuman la obligación de aprender números aburridos. El Grupo de Trabajo de Chicago ya está poniendo esto en práctica: su informe final no está dirigido solo al alcalde y al concejo municipal, sino también a cada ciudadano dispuesto a leerlo.

Mirando a nivel global, la próxima frontera de la gobernanza urbana quizás no sea un modelo de aprendizaje automático más preciso, sino el arte más antiguo del diálogo ciudadano. Cuando la tecnología puede calcular el efecto distributivo de cada política, solo la confianza puede hacer que las personas acepten resultados que, aunque justos, son incómodos. El futuro fiscal de Chicago dependerá en última instancia de si puede reconstruir, más allá de los libros contables, ese pacto de confianza que hace que una ciudad merezca llamarse "república".(Los autores Karen Freeman-Wilson, presidenta y directora ejecutiva de la Chicago Urban League, y Jim Reynolds, presidente y director ejecutivo de Loop Capital, son copresidentes del Grupo de Trabajo sobre el Futuro Fiscal de Chicago. Los datos citados en este artículo provienen del informe final publicado por el grupo de trabajo en junio de 2026.)

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Fuentes

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  1. https://www.chicagotribune.com/2026/06/29/opinion-chicago-fiscal-future-trust/